lunes, 25 de abril de 2016

El gato negro - Relatos de Poe (I)

¡Hola a todos! 

No sé vosotros, pero yo siempre he sido más de perros que de gatos, pareciéndome estos últimos un poco traicioneros (algún arañazo me llevé de pequeño). Y fijaos, aunque ya comenté en mi anterior post de Allan Poe que era amante de los felinos (Caterina, su gata, se deprimía cada vez que él viajaba y cuando Poe murió, ella también), uno de sus relatos más tenebrosos tiene precisamente como protagonista a los mininos: EL GATO NEGRO, publicado en el periódico Saturday Evening Post de Filadelfia en su número del 19 de agosto de 1843. Ésta será la primera lectura de un buen puñado de ellas (aprovechando que tengo un recopilatorio XD ). 


Sólo necesité una mañana para acabar con esta historia de final sorprendente. Corta y de fácil lectura, la ventaja de su brevedad intensifica el efecto. Como con el Mercader de Venecia, no voy a resumir la obra, pero una breve sinopsis sería la siguiente: un joven matrimonio lleva una vida tranquila, con un gato negro como mascota, hasta que el marido empieza a dejarse arrastrar por la bebida, volviéndose irascible, y, en un ataque de cólera, acaba con la vida del animal. Todo va a peor, con el protagonista convirtiéndose en un monstruo por momentos, y con la aparición de un segundo gato negro. La escena final del relato, sorprendente al igual que tétrica, ha dado pie a multitud de artistas a la hora de ilustrar los volúmenes de cuentos. Una pena no poder colgar ninguna, pues podríais descifrarlo.

En Europa, las supersticiones sobre el gato son muy similares, el gato negro puede traer buena o mala suerte dependiendo del lugar y la circunstancia de su encuentro. Y en el caso de significar mal agüero, el animal pierde el supuesto carácter de maldad si tiene un lunar blanco en alguna parte del cuerpo (cosa que ocurre en esta obra). Conociendo un poco la vida de Allan Poe (echad un vistazo a un post previo que escribí), se podría concluir que el gato negro es un relato parcialmente autobiográfico, representando el triángulo que formaban en su hogar él mismo, su mujer, Virginia Clemm, y el gato real, Catarina.

Para los que no les apetece leer, siempre queda la opción del séptimo arte, en una película de Bela Lugosi y Boris karloff, en español titulada Satanás. Yo, al fin conseguí hacerme con el ejemplar que buscaba de Arte y Letras, muy chulo, en el que vienen otros relatos que tengo ganas de leer, como el escarabajo de oro o doble asesinato en la calle morgue. Mi biblioteca empieza a crecer.




¡Animaos a leer cositas de este gran autor! Es muy fácil hacerse con un ejemplar actual que recopile su material. Y creedme, Poe era muy bueno.

lunes, 18 de abril de 2016

"Algunos hombres buenos" en el Mercader de Venecia


Hola a todos.

Cierto es. ¿Algunos hombres buenos, la película de Tom Cruise y Jack Nicholson, relacionada con Shakespeare? Ciertamente. Soy un gran fan de las películas de juicios, y por ello, voy a hablar de una novela con uno, un drama de esos que siempre he querido leer y por fin lo he hecho (también ayuda que en Madrid representen la obra de teatro en repetidas ocasiones): EL MERCADER DE VENECIA.

El juicio
El argumento de esta obra, escrita entre entre los años 1596 y 1598, muy resumido, es el siguiente:

Bassanio, un joven que pretende conseguir el amor de una rica y huérfana Porcia, necesita la ayuda de su amigo Antonio, mercader de Venecia: una cantidad de dinero suficiente para presentarse ante la rica heredera como un marido con futuro (a pesar de que la muchacha requiera una prueba “distinta” de amor). Desgraciadamente, en ese momento Antonio no dispone de capital, salvo la inversión en sus barcos que están inmersos en largos viajes. Con esto, Antonio antepone la amistad de su amigo a su propio interés, y solicita un crédito al usurero judío Shylock. Como éste último no cree que vaya a poder devolverle el crédito, a modo de pago solicita una libra de carne de Antonio, en caso de impago, en principio de manera simbólica, como muestra de buena voluntad.
Hasta que el judío pone los puntos sobre las íes al sentirse avergonzado por una gran ofensa y reclama el pago de la deuda, y exige esa libra de carne, que llevaría a la muerte a Antonio.

No cuento más, bastante sinopsis he hecho ya.

En el mercader de Venecia existe uno de esos momentos cumbres, un golpe de efecto de los que te sacan un sonrisa pensando “qué cabxxn”, desde un punto de vista jurídico. De hecho, queda demostrada la sentencia latina “Summum ius summa iniuria “, esto es, demostrar que una aplicación rigurosa del Derecho puede conllevar una gran injusticia. Personalmente, me encanta la frase “Me llamásteis perro sin tener ningún motivo, pues ya que soy un perro, temed por mis mordiscos”. La verdad es que, la lectura es amena, y no precisamente larga, unas cien páginas, así que, en una tarde, podéis zamparos un clásico.

Una curiosidad de esta obra es que Shakespeare inventó el nombre de “Jessica”, hija del judío Shylock (guiño, guiño), y también inventó  la expresión “No es oro todo lo que reluce”. 
Por cierto, si eres de los que se aburre leyendo ciertas obras, como casi siempre, se puede recurrir al cine. En 2004 se rodó una película con Al Pacino en el papel de Shylock y Jeremy Irons en el de Antonio. Con estos actores, habrá que verla.

Es una pena, pero no he encontrado demasiados libros antiguos sobre el mercader de Venecia, salvo en recopilatorios de obras de Shakespeare. Como siempre, he tirado de mis ejemplares de la Biblioteca Arte y Letras, donde tengo la obra con unas ilustraciones bastante chulas.








Bueno, creo que por hoy hemos tenido una buena ración, no sé si tanto como una libra de carne (en la vaca Argentina seguro que podría intentarlo). ¡Hasta la siguiente!